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São Paulo.- El cambio climático amenaza con frenar los avances en el combate al hambre registrados en los últimos años en Latinoamérica, señaló en una entrevista con EFE el representante para la región de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), René Orellana.

Orellana destacó la caída por cuarto año consecutivo en el índice de subalimentación, que pasó de afectar al 6,1 % de la población latinoamericana en 2020 al 5,1 % en 2024, con 6,2 millones de personas menos en esa situación, de acuerdo con datos presentados recientemente.

Según el responsable regional de la FAO, esta mejora se debe a, entre otros factores, políticas orientadas a niños y jóvenes como los programas de alimentación escolar, los apoyos a pequeños productores para que aumenten su productividad y el fortalecimiento de los mercados locales.

“Estas son tendencias que están marcando varios países de la región y que, si continúan, van a definitivamente contribuir a que otros países puedan ir saliendo de una situación de hambre”, afirmó.

Precisamente con el objetivo de discutir las prioridades para los próximos dos años en materia de combate a la inseguridad alimentaria, representantes de la FAO y de los gobiernos de la región se reúnen a partir de este lunes en Brasilia, la capital brasileña.

Brasil, el gigante latinoamericano, abandonó el año pasado el mapa del hambre, después de que la prevalencia de la subalimentación cayera por debajo del 2,5 %.

Orellana señaló que México y Chile también están “prácticamente fuera”, con niveles muy cercanos a ese umbral, y que otras naciones como Argentina, Barbados y Colombia se encuentran por debajo del 5 % y “están avanzando claramente hacia la erradicación del hambre”.

Creciente presión climática

Pese a esta tendencia a la baja, apuntó a desafíos como el alto costo de una dieta saludable, la inflación y, sobre todo, una “creciente presión climática”, que afecta particularmente al Caribe y Centroamérica.

Esto explica, en parte, el hecho de que la inseguridad alimentaria moderada o grave sea más alta en el Caribe, con un 52 % de la población en esa condición, que en Suramérica, donde apenas el 22 % se encuentra en esta situación.

En ese sentido, Orellana puso como ejemplo el “impacto significativo” del último huracán que golpeó Jamaica y Haití, y que afectó “severamente” los costos de producción y ha obligado a “reconstruir” la infraestructura.

Según el último informe de la FAO sobre la región, la agricultura absorbió el 23 % del daño económico causado por eventos climáticos extremos.

Por ello, Orellana dijo que es fundamental que los gobiernos inviertan más en adaptación al cambio climático para que los sectores agropecuarios sean más “resilientes”.

“Hay varios países, incluso en el Caribe, que no tienen sistemas adecuados de alerta temprana que puedan identificar eventos meteorológicos que estén en vísperas de suceder”, afirmó.

Además, apuntó a la necesidad de usar la inteligencia artificial para mejorar la digitalización y el control de las plagas y las enfermedades animales, un problema agravado por el cambio climático y sobre el cual la FAO trabaja.

“Muchos de estos eventos climáticos de larga duración están cambiando los ecosistemas, por lo que están apareciendo enfermedades nuevas”, advirtió.