Jóvenes brasileños viran hacia candidatos alternativos

São Paulo.- Los Jóvenes brasileños llegan a las elecciones de octubre con una relación cada vez más distante con los partidos tradicionales y una mayor apertura hacia candidatos alternativos impulsados desde las redes sociales. El fenómeno combina apatía, desconfianza institucional y la búsqueda de espacios digitales donde sus demandas encuentren respuesta.

La menor participación electoral es una de las señales más visibles. El voto es voluntario para quienes tienen entre 16 y 18 años y el número de electores registrados en ese grupo cayó casi 15 % frente a las elecciones presidenciales de 2022: pasó de 4,2 millones a unos 3,6 millones, de acuerdo con datos de la Justicia Electoral.

El politólogo Marco Teixeira, de la Fundación Getúlio Vargas, considera que la baja no refleja necesariamente falta de interés por la política. A su juicio, existe una brecha entre las instituciones y las expectativas de las nuevas generaciones, que se desenvuelven en comunidades digitales más dinámicas, horizontales y fragmentadas.

Redes sociales y candidatos alternativos

La distancia con las estructuras partidarias también favorece la aparición de figuras que presentan a la política convencional como un sistema agotado. Aunque todavía están lejos de los principales contendientes, algunos candidatos alternativos ganan visibilidad entre los jóvenes mediante mensajes directos, una comunicación permanente y la construcción de comunidades en internet.

Renan Santos, del recientemente creado partido Misión, es uno de los nombres que busca capitalizar ese malestar. Su discurso cuestiona de manera frontal a los partidos tradicionales y comparte rasgos con otras expresiones de la ultraderecha regional. La estrategia consiste en convertir al usuario en participante de una comunidad política, en lugar de limitarlo al papel de espectador durante la campaña.

La flexibilidad de estos movimientos contrasta con la organización jerárquica de los partidos históricos. Sus dirigentes pueden reaccionar con rapidez y adaptar los mensajes a distintos grupos, mientras que los intentos de las agrupaciones tradicionales por acercarse a los jóvenes a través de las plataformas digitales suelen ser vistos como artificiales o meramente electorales.

Un malestar que se extiende por América Latina

El desencanto no es exclusivo de Brasil. Claudio Providas, representante residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en el país, lo vincula con una insatisfacción estructural presente en buena parte de América Latina.

Muchos jóvenes completaron su formación, pero no encuentran empleos acordes con sus estudios. A esto se suman el subempleo, la presión por acceder a nuevos niveles de consumo y la percepción de que el Estado no garantiza servicios básicos de calidad. Esa combinación alimenta la desconfianza hacia el sistema en su conjunto.

Especialistas señalan que las nuevas generaciones mantienen su capacidad de movilización frente a causas sociales y globales. El desafío para las instituciones será comprender esas formas de participación digital, recuperar la credibilidad mediante resultados verificables y combatir la desinformación con educación, datos y evidencia.